
Han planteado que la fragmentación es fruto de la decadencia e inconsistencia de los grandes relatos de la modernidad; es decir, de la crisis de todos los relatos monológicos, etnocéntricos, dogmáticos, fundamentalistas, que pretenden reducir cualquier diferencia a la unidad. Sobran ejemplos en el idealismo alemán: Kant, Fichte, Schelling, Hegel, y en otros que los han tomado como referentes, por continuidad u oposición, Marx, Comte, Feuerbach, Hartmann, Cassirer, Husserl, el positivismo lógico y demás... Sin embargo, después de alrededor de 100 años, y con muchos filósofos, artistas, inventores y políticos que dijeron su palabra en el camino, durante el siglo XX, y sobre todo gracias al obrar de distintos grupos sociales, la fragmentación aparece como formando parte de la constitución de nuestra vida cotidiana, a primera vista, caótica. Quizás sea por habernos hecho cargo de la profunda pregunta que trae la Vida en su despliegue i-lógico, i-rracional, in-coherente, etc., es decir, la contingencia. ¿Qué significa contingencia? El carácter accesorio, fáctico, no necesario de todo lo que existe. Digamos, lo que es y puede no ser, lo que está pero podría no estar, porque no necesariamente tiene que estar o existir. (Por ejemplo, que estés leyendo este blog... es algo totalmente contingente, pues podrías no estar haciéndolo, sin embargo, que después del día venga la noche, es necesariamente así.) Y éste sea, tal vez, el gran problema de Occidente, creer desde sus inicios greco-latinos, que porque advertimos ciertos cíclos en la naturaleza, todo, absolutamente todo, tiene que tener un orden, pero básicamente, el orden natural. Y un orden sólo perceptible, aprehensible, mediante la razón. Pero parece que esta valoración cultural, fue dándose en una comprensión ontológica, una comprensión de ser, una comprensión de "lo que es", determinada y decisiva... que a fines del siglo XIX y principios del XX decae definitivamente: adviene el tiempo de las vanguardias artísticas. Estas iniciativas tanto pictóricas como fotográficas, literarias, cinematográficas, musicales, etc., hicieron de las grietas de aquellos relatos una posibilidad para imaginar otras lógicas, otras racionalidades, otras co-herencias... porque el descentramiento del sujeto moderno y su razón todopoderosa dió lugar a nuevas herencias. Herencias compartidas, comunitarias, impredecibles, inconmensurables. Acá llegamos a la Vida, otra vez, como una pregunta, arriesgo, sin respuesta.
De la mano de Heidegger (citado en la entrada de este blog), estamos en el ámbito del ser como e-vento, acontecimiento transpropiador dador de ser y tiempo, donde lo que hay son vínculos en una alianza libre con el tiempo, el devenir y el mundo (como plantea Ma. Gabriela Rebok en su antropología vincular), como emergencia de sentido. Ante la gratuidad de lo que hay, ante la emergencia de lo donado en el e-vento, estamos siendo (da-sein)... y esto es fragmentación y contingencia que pide creatividad como a-ventura del pensar. ¿Será la vida fragmento y contingencia? ¿Nos aporta alguna señal el arte contemporáneo? Seguiremos pensando...
1 comentario:
Profe Pozzi?
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