A partir de algunos comentarios y debates entre amigos, compañeros de estudio, colegas, etc. surgió la necesidad de plantear con mayor detenimiento algunos elementos, materiales y simbólicos diríamos con Gramsci, que están en juego en el escenario político mundial y argentino particularmente.
El estado de cosas podríamos resumirlo así: estamos existiendo, como individuos, grupos sociales, comunidades, instituciones, sociedades, en el marco de una nueva (o recargada, como prefieran) crisis del capitalismo (financiero, globalizado). Esto implica el modo de vida liberal-burgués que conlleva como propuesta.
Esta crisis no sería una más sino que la comprendemos como efecto, parte, momento, etapa, de una más amplia que tiene que ver con un gran giro de época que se puede remontar a fines del siglo XIX y que tantos (Nietzsche, Husserl, Heidegger, Zambrano, Benjamin, Marcuse, S. Weil, Arendt, R. Williams, Gramsci, Ortega y Gasset, etc.) llamaron "Crisis de Occidente", crisis de Europa, crisis de civilización occidental, crisis de la conciencia racional, del sujeto moderno y que llegaría a lo que comúnmente se entiende como posmodernidad / globalización / sociedad de consumo / sociedad de masas.
Este acontecimiento marca todos los aspectos de lo que podemos señalar como cultural: políticas, religiones, lenguajes, mitos, ciencias, artes, filosofías, sistemas económicos, jerarquías de valores, prácticas sociales, espiritualidades, educación con las respectivas consecuencias en la formación y transmisión de la cultura, las tradiciones, los intercambios, lo establecido, las validaciones, etc.
Las repuestas, resoluciones, reacciones, innovaciones, propuestas al respecto (que incluye críticas, evasiones y postergaciones), están tan afectadas como lo mismo que se pretende superar (la "crisis").
Como a lo largo de la historia de la humanidad, las posiciones suelen ser, a grandes rasgos, dos que son las caras de una misma moneda: la identidad o la diferencia.
Simplificando: podemos comprender la identidad y la diferencia desde el paradigma de la identidad o podemos comprender las identidades y las diferencias desde un paradigma de las diferencias.
Advertir la perspectiva creo que será central ya que a partir de aquí quedarán determinados los argumentos, variables de análisis y conclusiones que podamos pensar, comunicar, debatir, acordar.
La tradición occidental (grecorromana + judeocristiana) ha desplegado y reproducido una lógica de la identidad. Nuestra época (en "crisis") ha puesto sobre la mesa una lógica de la diferencia, donde el intento está en comprender, tratar, relacionarse, escuchar, recibir al otro como otro, es decir, desde él mismo y no desde un "yo" que participa de una identidad que se ha impuesto a lo largo de los siglos, en Europa primero (imperio romano + cristiandad), en América después (colonialismo) y en todo el planeta finalmente (globalización).
Estos procesos no están acabados ni se excluyen entre sí sino que van formando parte de un complejísimo entramado de pragmáticas sociales (qué y cómo intercambiamos cotidianamente los individuos de esta red global).
El género de vida (comparable con géneros artísticos) vigente, impuesto de muchos modos, se puede pensar como hegemónico (ver Gramsci), también se puede pensar como efecto de relaciones de poder disicplinadoras (ver Foucault). Quiere decir que somos parte del mismo (aún desde la resistencia).
Algunos autores, que de algún modo u otro estarían en consonancia con este recorrido amplio que venimos haciendo, han investigado cuestiones como la interculturalidad (Fornet-Betancourt, Gabriela Rebok y muchos otros), la naturalización y normalización (Pablo Gentili), los paradigmas de justicia social (Nancy Fraser).
Podemos decir, entonces, que ante sucesos cotidianos, políticas públicas, decisiones de los gobernantes, operaciones mediáticas, acciones económicas de grupos de poder, aún protestando, analizando, criticando y resistiendo, quedamos (si no lo hacemos explícito) dentro de la lógica y el discurso que los/nos contiene (y en el cual venimos viviendo y formándonos desde hace mucho), que nos imponen y del que también somos artífices-reproductores, sin darnos cuenta.
En el caso que estemos parados en este punto, es decir, percibir la realidad social como injusta para todos (menos para ese grupo reducido que siempre lleva las de ganar), sentir que para muchos sostenerse en el mecanísmo cotidiano va horadando nuestra propia existencia, sensibilizarse por la exclusión de tantos, padecer la mediocridad cultural del individualismo, crecer junto a otros que no tienen un horizonte social que los contenga, sufrir la discriminación histórica y actual por ser parte de una minoría (no de cantidad), advertir la falta de categorías, términos y lenguaje que hace que no podamos comprender nuestro lugar en el mundo, etc., etc, etc.; en el caso que así fuera se me ocurre que el planteo de Nancy Fraser puede ayudar.
Sugiero una lectura "¿Redistribución o reconocimiento?: Un debate político-filosófico".
Actualmente, suele plantearse el problema de la (in)justicia social desde dos paradigmas distintos para resolver las desigualdades sociales. Uno es el de la redistribución económica y el otro el del reconocimiento de derechos. Para uno la injusticia social es producto de la desigual distribución de bienes y se resolvería con políticas económicas redistributivas. Para el otro, el problema reside en el no-reconocimento de derechos de las minorías culturales, étnicas, sociales, de género, religiosas que se abordarían desde el reconocimento de tales reinvindicaciones. Al punto de enfrentarse por tal motivo en una puja de poder (políticas de identidad o políticas de clase, interculturalidad o socialdemocracia).
Si a este planteo le sumamos la concepción política de amigo-enemigo, terminamos en una confrontación de fuerzas donde la democracia representativa es lo menos malo posible y como a los ciudadanos nos pesa tener que abordar (no solo conceptualmente, también existencialmente) semejante escenario dejamos estas tensiones en el circo mediático de la polarización binaria (blanco-negro, si-no, bueno-malo).
El esquema es viejo... lo explicó Hegel en su dialéctica del señor-siervo, lo repensó Marx desde la estructura socioeconómica de producción, le sirvió a Lacan para comprender la posición del sujeto deseante... y terminó siendo operado por regímenes totalitarios (Hitler decía que había que liberar a las masas del peso de la libertad) y por el marketing y la publicidad, en el formato del pensamiento único (= sociedad de consumo).
No se trata de quién tiene el poder sino de reconfigurar las relaciones de dominación (señor-siervo al revés es lo mismo) para favorecer otro tipo de vinculación personal, politica, social, etc.
El camino es arduo y no está libre de contradicciones.
Con la lectura de Fraser, podemos advertir que aquella es una falsa antinomia.
No es una cuestión de redistribución o de reconocimiento sino de que ámbos paradigmas estén contenidos en la noción de "paridad participativa", que los antecede.
Cito: "Mi tesis general es que, en la actualidad, la justicia exige tanto la redistribución como el reconocimiento. [...] la cuestión de cómo se combinan ambos aspectos cobra una importancia máxima. Yo mantengo que hay que integrar en un único marco global los aspectos emancipadores de las dos problemáticas. Desde el punto de vista teórico, la tarea consiste en idear una concepción bidimensional de la justicia que pueda integrar tanto las reivindicaciones defendibles de igualdad social como las de reconocimiento de la diferencia. En la práctica, la tarea consiste en idear una orientación política programática que pueda integrar lo mejor de la política de redistribución con lo mejor de la política del reconocimiento"
Según la noción de paridad participativa:
"[...] la justicia requiere de arreglos sociales que permitan a todos los miembros (adultos) de la sociedad interactuar entre sí como pares. [...] es necesario, pero no suficiente, establecer formas estándar de igualdad legal formal."
" [...] para que sea posible la paridad participativa, tienen que cumplirse, por lo menos, dos condiciones [...] la condición objetiva [...] la distribución de recursos materiales tal que asegure la independencia y la 'voz' de los participantes [..] excluye las formas y niveles de inequidad material y de dependencia económica que impiden la paridad de participación. [...] y la condición 'intersubjetiva' [...] requiere que los patrones culturales institucionalizados de interpretación y valoración expresen igual respeto por todos los participantes y aseguren la igualdad de oportunidades para alcanzar la estima social."
Este tipos de políticas (en Argentina, la Asignación universal por hijo, sería del tipo de distribución del ingreso, o la ley de matrimonio igualitario, sería del tipo de reconocimiento de derechos) suelen incomodar a los que de algún modo pertenecen al sector privilegiado de la sociedad (aristocracias, oligarquías y demás) o a los que hacen creer que participan de él (consumiendo, por ejemplo).
El argumento típico "pago mis impuestos y por eso tengo derechos" muestra la ignorancia política, histórica, social, económica del que lo plantea. Básicamente el obstáculo está en que están pensando un problema de justicia social desde una perspectiva psicológica.
Fraser discute con Axel Honneth acerca de entender las desigualdades sociales en términos de justicia social o en términos de autorrealización... El planteo de Fraser advierte que planteado de ese modo hay una subordinación de estatus porque se jerarquiza algunos individuos o grupos sociales y se niega a otros su condición de interlocutores plenos.
Es muy característico, por ejemplo, la ilusión pequeño burguesa de creer que porque "trabajo", soy "legal" y "buen tipo" (correcto según la moral tradicional) alcanza y tengo derechos "ganados", o sea, una especie de cuestión meritocrática que no advierte que el sistema legal vigente (hegemónico) lo favorece desde siempre sólo por haber nacido como y donde nació, etc., y a ese mismo individuo no le parece mal que el 80% de la humanidad trabaje todos los días y no le alcance para vivir más o menos dignamente (en el sentido de Fraser) debido al mismo orden de cosas que a él lo favorece. Los datos del Banco Mundial dicen que el 50% de la población mundial vive en condiciones de pobreza, es decir, con menos de u$s 2 diarios. (Si ganas u$s 2,1 no sos pobre...). Ya sabemos que la estadística es la ciencia del Estado no de los pueblos.
La cuestión está aclarada. Las posturas personales son interesadas (no podría ser de otro modo). Las tomas de posición suelen ser afectivas y emocionales. Lo que resta de la discusión tiene que ver con factores de coyuntura, posibilismo, partidismos, gestión, etc.
Como dice Céline, citado por Piglia en "Blanco nocturno"...
La experiencia es una lámpara tenue que sólo
ilumina a quien la sostiene.
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